LA SOCIEDAD ANGLO-ESPAÑOLA DE MOTORES




MAHÓN — MENORCA




INTRODUCCIÓN.-


Mencionabamos al comienzo de la sección de RESTAURACIONES de nuestra WEB, que a pesar de su limitado territorio el archipiélago Balear dispuso de un más que notable tejido industrial y ferroviario que comenzó a crearse durante la segunda mitad del siglo XIX, y que fue consolidándose a lo largo la primera mitad del XX hasta la llegada del Bum turístico a finales de los años 50, fechas en las que comenzaron a aumentar de forma significativa las importaciones, una situación que marcó el inicio de una fuerte competencia frente a la cual la industria local no pudo competir dentro de un mundo cada día mas globalizado.

De hecho en las islas se llegó a conformar un sector productivo capaz de fabricar productos de gran calidad, tanto para cubrir muchas de las necesidades locales evitando así una excesiva dependencia externa, como para iniciar un significativo mercado de exportación de algunos de sus productos y manufacturados, todo lo cual ayudó a mejorar un nivel económico normalmente modesto y limitado tal y como suele ocurrir en muchos territorios insulares, y aún mas en una época con una logística lenta y cara por el aislamiento insular y una movilidad interior reducida, donde afortunadamente el ferrocarril jugó un papel esencial.

Fue un tejido industrial compuesto por decenas de pequeñas y medianas empresas, muchas familiares y dedicadas entre otras cosas a la agricultura, derivados lácteos, la producción de sal, calzado, joyería y bisutería, pero también de herramientas de precisión, maquinaria, embarcaciones, fundición, etc.

Dentro del aquel contexto de revolución industrial, fue en la isla de Menorca donde a finales del siglo XIX comenzó a gestarse lo que posteriormente daría lugar a la más grande y poco conocida empresa de mecánica que existió en las islas Baleares, además de una de las más importantes del país en aquella época y dentro de su segmento de producción: LA ANGLO-ESPAÑOLA DE MOTORES, un consorcio multinacional dedicado a la fabricación, reparación, montaje y venta al resto de España incluso en ocasiones también al extranjero, de todo tipo de maquinaria industrial pesada, motores de gas y de vapor, piezas de fundición, gasógenos, construcción naval de notable entidad y un largo etcétera, sumándose así al auge de una incipiente tecnología que habría de cambiar el mundo, con ejemplos como el de poder mover toda la maquinaria de las fábricas incrementando así su productividad, o con el simple suministro de electricidad, un servicio por entonces aún inexistente en la mayoría de las poblaciones.

No hay que olvidar que fueron tiempos donde la facilidad para disponer de herramientas y tecnología para manufacturar y montar mecanismos en serie no estaba al alcance de cualquiera, y mucho menos en un apartado territorio alejado de los centros industriales y de la red de distribución continental de la época, en definitiva una pequeña isla donde no obstante iba a ser creada una importante industria capaz de una gran producción de calidad, y que aunque de vida relativamente corta pero muy interesante e intensa, es a día de hoy prácticamente desconocida.






Publicidad Crossley de la época.


Antigua fábrica de gas en Mahón.


LA MAQUINISTA NAVAL.-


La historia comienza de la mano de los hermanos menorquines Pablo y Francisco Ruiz Verd, dos emprendedores y excelentes mecánicos que en 1890 fundan la sociedad LA MAQUINISTA NAVAL (LMN), una pequeña empresa ubicada en un modesto taller en el Cos Nou en Mahon, y que basada en el esfuerzo y calidad del excelente trabajo de sus promotores iría creciendo a lo largo de 12 años hasta alcanzar una mas que relevante posición, terminando por convertirse en un referente de diversidad y calidad.

Su trabajo inicial consistía en la reparación de motores de vapor y otros elementos mecánicos, fabricación de estructuras y enseres metálicos varios, una labor muy especializada a la que poco después sumaron también la fabricación de motores de vapor, gasógenos, el montaje de los prestigiosos motores británicos de gas Crossley Brothers, así como todo tipo de mecanismos y otras tareas en el ámbito de la construcción naval, siendo muchos de sus trabajos fruto directo de su diseño e investigación.

Prueba de su espíritu emprendedor es que ambos hermanos, junto con el Sr. Juan Taltavull que años mas tarde sería nombrado presidente de la futura sociedad que se habría de crear en 1902, fueron junto a otros personajes relevantes de aquella época accionistas fundadores de la nueva SOCIEDAD GENERAL DE ALUMBRADO, la antigua fábrica de gas destilado del carbón situada en el puerto de Mahon para el servicio y alumbrado público en la ciudad, así como para el suministro de gas doméstico tanto para la iluminación como para los fogones de las casas, un servicio que mucho debieron agradecer las "mestressas" de casa que evitaban de ésta manera el uso de las sucias cocinas económicas de carbón y leña, utilizando un gas que se suministraba a través de tuberías enterradas y por medio de contadores que funcionaban con unas monedas-ficha especiales.

Lo cierto es que en ésta historia también hubo sus más y sus menos debido a la rivalidad que surgió entre los defensores del gas y los de la electricidad, llegando incluso a crearse pugnas y enfrentamientos irreconciliables, pero esto pertenece a otra de las muchas e interesantes historias de las Baleares.

Por otro lado ya existía la importante empresa británica JULIUS G. NEVILLE, con sede en Liverpool y dedicada desde aproximadamente 1880 al material ferroviario, así como a la exportación y montaje de motores y maquinaria inglesa en el mercado Español a través de sus delegaciones en Madrid, Barcelona y Gijón.

Ambas empresas entran pues en contacto decidiendo en 1902 fusionarse para formar una nueva empresa: LA SOCIEDAD ANGLO-ESPAÑOLA DE MOTORES (SAE), compañía a la que ambas partes aportarán sus activos, por un lado Julius G. Neville la maquinaria y suministro de motores británicos, especialmente los prestigiosos Crossley Brothers, así como su amplia cartera de clientes, mientras que los menorquines proporcionaron sus espaciosos talleres con una plantilla de montadores y mecánicos especializados, aunque continuaron a la vez con sus trabajos habituales, incluida la fabricación de refractarios.





Portada del catalogo de productos de la SAE.


LA SOCIEDAD ANGLO ESPAÑOLA DE MOTORES (SAE).


Su denominación original completa fue la de "Sociedad Anglo-Española de Motores, Gasógenos y Maquinaria General Sociedad Anónima".

La nueva empresa disponía de su central y talleres en Mahon, oficina y delegación en Madrid y un almacén en Barcelona. Fue fundada con un capital inicial de dos millones de pesetas, siendo aportado el 55% por la LMN y el 45% restante por Julius G. Neville, el cual quedó por tanto como socio minoritario. En cualquier caso la cantidad era impresionante (dependiendo del parámetro de comparación, aproximadamente equivalente a varias decenas de millones de Euros de hoy), en una época donde el sueldo medio de un operario solía ser de unas 100 pesetas al mes.

La actividad de la empresa se concretó en dos vertientes:

Por un lado la recepción de piezas y motores de la prestigiosa fábrica Crossley Brothers de Marchester, y que los técnicos menorquines se encargaban de montar y ajustar para servir a toda una serie de clientes que luego se citan. Por otro lado la empresa continuaba también con sus trabajos habituales de construcción naval de embarcaciones y la fabricación de sus motores de vapor, así como un sinfín de otros trabajos diversos que eran demandados por su primitiva cartera de clientes, tareas que eran atendidas por una plantilla media de unos 200 trabajadores, aunque algunas fuentes afirman que pudo haber mantenido de forma ocasional hasta los 400.

El montaje y ajuste de los motores Crossley fue sin embargo la estrella de su producción, que era exportada principalmente por toda la Península, destacando el mayor volumen de pedidos y según épocas primero en Cataluña, aunque luego ampliamente superadas por Valencia y Andalucía., habiendo vendido así mismo unidades en Andorra y Portugal.

La SAE también despachó algunos motores a la isla de Mallorca, aunque el mayor volumen de ventas para la balear mayor consistió principalmente en gasógenos y diversas piezas o repuestos. De dicha época son los dos grandes motores de 90 H.P. que en el Club Ferroviari Vaporista de Mallorca restauramos en las poblaciones de Binissalem y Esporles, y cuyas memorias aparecen en otro apartado de ésta misma sección. También hemos podido ver otros motores Crossley de menor tamaño en manos de algunos coleccionistas, así como otro gran motor de 90 H.P. fabricado por la LANGEN & WOLF de Milan, una filial de la Langen & Wolf Gasmo-torenfabrik de Viena, un motor de ciclo OTTO muy similar a los Crossley, y que según lo que hemos podido averiguar fue comprado de segunda mano fuera del archipiélago.

Las actividades de la empresa se desarrollaron pues satisfactoriamente viendo aumentar paulatinamente su volumen de ventas, para sin embargo reducirse posteriormente en 1904 de una forma notable. Las fuentes consultadas no dan al parecer ninguna razón completamente contrastada para el inicio de dicho cambio, aunque muy probablemente pudo influir la muerte de uno de los hermanos fundadores, concretamente la de Pablo que era al parecer el alma mater de la mecánica en la empresa. Su hermano Francisco quedó desde entonces a cargo de los talleres, aunque su capacidad no era la de su fallecido hermano. Por otro lado la elección de José Valls para la dirección absoluta de la empresa desde su sede en Madrid creó una ilógica y poco aconsejable separación física entre el centro de producción en Mahón y unas lejanas oficinas centrales en Madrid, añadiéndose a ello que la gestión del nuevo director dejó bastante que desear, como luego citamos.





Publicidad de la Julius Neville.


El caso es que en 1904 la SAE ya acumulaba un importante impago a la Crossley Brothers, por lo que ésta última amenazó con cortar sus exportaciones, una situación que hubiera supuesto una merma muy importante en la producción de la fábrica menorquina, la cual hubo de renegociar entonces su relación con la Crossley ofreciéndole toda una cartera de acciones como aval del pago. La empresa británica aceptó aunque protegiendo sus intereses reduciendo los suministros.

En 1905 las ventas volvieron a decaer, a lo que en 1906 vino a sumarse una nueva legislación proteccionista del gobierno central para defender a la industria nacional, aumentando considerablemente los aranceles de las importaciones, causando por ende un importante menoscabo económico en las finanzas de la SAE.

Fue finalmente en 1908 cuando la Crossley Brothers rompió definitivamente sus relaciones con la SAE, lo que obligó a la empresa a replantearse su situación para sobrevivir. De hecho entre 1908 y 1910, y haciendo un enorme esfuerzo la SAE logró diversificar y ampliar significativamente su producción, abriendo nuevos mercados para otros productos, desarrollando su actividad muy especialmente en el sector de la construcción naval donde llegó a alcanzar una buena producción.

Sin embargo, a pesar de aumentar las ventas y la cartera de clientes la política económica llevada a cabo fue perjudicial para las finanzas al ofrecer a los clientes unos plazos y condiciones de pago excesivamente largos con el fin de fomentar las ventas, por lo que con el tiempo fueron acumulándose muchos retrasos e impagos que pusieron a la empresa en franco peligro.

Haciendo un postrero análisis global de toda la actividad industrial de la LMN y la SAE durante sus 21 años de existencia, se calcula que solo en motores Crossley fueron suministradas unas 450 unidades, además de multitud de motores de vapor, gasógenos, mecanizaciones y piezas diversas, refractarios y otras maquinarias, junto con muchas embarcaciones fabricadas en Mahon, algunas de ellas de gran entidad, como grúas flotantes, remolcadores, vapores medios de pasaje, etc.



RESUMEN SOBRE LA QUIEBRA DE LA EMPRESA.-


Tal y como ya se hemos ido reseñando con anterioridad, la debacle de ésta compañía fue provocada por la suma de una sucesión de desafortunados hechos y circunstancias que fueron conformando lo que ahora, y con los datos en la mano podríamos denominar como "crónica de una muerte anunciada", debida entre otras cosas a una serie de decisiones erróneas junto a una poco prudente gestión financiera.

En el año 1.906 la compañía acumuló un apreciable volumen de pérdidas, aunque también se hicieron grandes esfuerzos para remontar la situación. Lo cierto es que dicha política dio como resultado tres años de grandes ventas e incluso de algunos beneficios.

En cualquier caso la rentabilidad ya había comenzado un camino de descenso desde 1.904, siendo finalmente en 1.910 cuando se hace manifiesta la paradoja de que habiéndo obtenido en dicho ejercicio la mayor facturación de su historia, se alcanzaron al mismo tiempo los peores resultados financieros, una situación que fue paulatinamente empeorando hasta que al año siguiente fue urgentemente convocada una Junta extraordinaria del Consejo de Administración para analizar la situación y tomar las medidas oportunas.

Las fuentes consultadas citan que no existe copia del acta de dicha junta, aunque tal y como menciona el Sr. Villajos en su magnífico trabajo de referencia, es fácil adivinar la enorme tensión que debió imperar en dicha reunión al constatar que la empresa se encontraba en quiebra técnica. Una de las decisiones tomadas fue la destitución del Sr. Valls como director por una mala gestión que derivó en que los recursos ajenos llegaran a superar a los propios, nombrándose finalmente a dos nuevos gestores a fin de intentar la nada fácil misión de sanear la economía de la empresa.

El nuevo equipo se esforzó mucho para mostrar una imagen de eficiencia evitando fomentar la desconfianza de los inversores y proveedores, continuando su actividad bajo los habituales y excelentes estándares de calidad de los que la empresa siempre fue acreedora. De hecho uno de los últimos pedidos fue un remolcador de vapor, teniendo en cartera otros dos pedidos mas para otras tantas embarcaciones de 25 metros de eslora. También se hizo un postrero intento al enviar una representación a Manchester para intentar reabrir la relación con la Crossley Brothers, aunque ello fue en vano al coincidir con la súbita caída del banco de Mahon como seguidamente se comenta.

Finalmente tanto los problemas financieros internos como la enorme deuda contraída con el Banco de Mahón acabaron trascendiendo a la opinión pública Menorquina, la cual entró en pánico procediendo a retirar sus capitales de todos los bancos de la Isla. Esto produjo un agotamiento de las reservas bancarias, generando una completa falta de liquidez que provocó el cierre de una entidad que ya no volvería a reabrir sus puertas, arrastrando en su hundimiento no solo a la SAE, sino también y como efecto colateral a la empresa FABRIL de manufacturados textiles, y que era incluso mucho mayor que la primera. Ambas debieron pues cerrar sus puertas definitivamente.







Publicidad de la SAE.



CONCLUSIONES.-


Si bien la caída de los bancos fue el detonante final que selló el destino de la SAE, el preludio fue una acumulación de circunstancias, también de cierta dósis de mala suerte, tal y como hemos ido exponiendo a lo largo del presente artículo, y que ahora extractamos con mas detalle:


  1. El abandono del suministro de motores por parte del fabricante Crossley Brothers, lo que obligó a la empresa menorquina a buscar nuevos caminos para sobrevivir. No están muy claros los motivos del abandono por parte del fabricante británico, aunque probablemente a ello contribuyó la deuda acumulada.

  2. La implantación en 1906 por parte del Gobierno Central de una serie de aranceles que agravaron las importaciones, sin duda una inoportuna medida que en nada ayudó a la situación, y que no alcanzamos a comprender el porque debió ser implantada justamente en aquel preciso momento.

  3. La mala gestión del director de la SAE, con unas oficinas ubicadas en Madrid, lejos de la fábrica de Mahon y desconectada por tanto de los problemas cotidianos de producción, mantenimiento y suministros. Una política errónea en un momento en que las comunicaciones eran lentas y limitadas, lo que impedía la observación y la rápida toma de decisiones.

  4. Durante la última etapa de la empresa, la concesión de pagos a muy largo plazo a los compradores a fin de fomentar y facilitar los pedidos, lo cual generó por ende una enorme demora en los cobros con la consecuente falta de liquidez. Ello obligó a que la empresa tuviera que financiar su actividad cotidiana, como la compra de materiales, materias primas, o simplemente pagar a sus empleados por medio de constantes créditos concedidos por el banco de Mahón, hasta que la deuda sobrepasó mas de la mitad de los fondos propios de la entidad bancaria.

  5. La caída del propio banco y su cierre definitivo, no conociendo a día de hoy los motivos que empujaron a dicha entidad a seguir una política de préstamos tan arriesgada.


Además del ya mencionado cierre del banco de Mahón, las consecuencias fueron catastróficas, con el cierre y el despido de casi 1.000 empleados de varias empresas, afectando a miles de personas colaterales, como familias, proveedores y muchos otros trabajadores de pequeñas industrias satélites, sumiendo finalmente a la economía Menorquina en un largo túnel de crisis que generó una emigración masiva y un período de dura recuperación que tardó años en ser superado.



CONSIDERACIÓN FINAL.-


La SAE de Menorca fue una importante y magnífica empresa nacional sin duda adelantada a su tiempo, y cuyo recuerdo merece ser valorado y recordado por todos los baleares.

Contó con excelentes técnicos, maestros y operarios que hicieron de su producción un referente de gran calidad, aunque luego se viera cercada por una serie de desafortunadas circunstancias colaterales, y tal y como antes dijimos por también cierta dósis de mala suerte, circunstancias que en nada desmerecen su alto nivel de calidad y una excelente producción, como otras tantas industrias baleares hoy desafortunadamente caídas en el olvido por la (¿imparable?) globalización.



AGRADECIMIENTOS Y FUENTES CONSULTADAS .


El presente artículo se basa en algunas fuentes locales, así como en ciertos datos del Crossley Register en el Reino Unido, con quienes ya tuvimos contactos cuando el C.F.V.M. restauró dos de los motores Crossley en la isla de Mallorca.

Sin embargo la fuente principal fue uno de los varios e interesantes trabajos publicados por el Sr. D. José María Ortiz Villajos, Secretario del Departamento de Economía Aplicada, Estructura e Historia, y miembro del Grupo de Investigación de Historia Empresarial de la Universidad Complutense de Madrid, el cual confeccionó para éste caso un minucioso y extenso estudio que rescató del olvido una importantísima parte de nuestra historia industrial insular, y a la que tuvimos tanto el privilegio de acceder, como también el de contactar directamente con su autor y poder agradecerle su docto trabajo.

Nos consta así mismo el gran esfuerzo de consulta y recopilación que el autor llevó a cabo en innumerables fuentes a fin de ofrecer un trabajo excepcional aunque aún inconcluso, como él mismo declara, pues quedan multitud de detalles pendientes de aclaración. Una labor de investigación que nunca resulta sencilla, siendo incluso a veces una tarea casi imposible al haberse perdido multitud de datos en las sombras del pasado.

Nuestro artículo no es un corta-pega, sino un extracto que imperativamente debe omitir muchos datos, también los económicos, a fin de poder presentar una memoria mas compacta y sencilla para el limitado entorno que nos permite nuestra página Web. Su contenido es en cualquier caso absolutamente fiel a los datos consultados.

Decir finalmente que deseamos que nuestra contribución sirva como introducción al exhaustivo estudio original del Sr. Villajos, cuyas referencias son mencionadas al final del texto, trabajos y publicaciones a los que remitimos sin reservas a todos los que deseen ahondar con todo detalle en ésta interesante y poco conocida crónica de nuestra historia industrial Balear.

En cualquier caso, todos los posibles errores u omisiones de éste artículo son solo nuestros.


REFERENCIAS SOBRE LA BIBLIOGRAFIA DEL SR. VILLAJOS:

Ortiz-Villajos, José M. (2014): "Patents, what for? The case of Crossley Brothers and the introduction of the gas engine into Spain, c. 1870-1914", Business History, Vol. 56, Issue 4, pp. 650-676, ISSN: 0007-6791.

Ortiz-Villajos, José M. (2007): "La Sociedad Anglo-Española de Motores, 1902-1911. Auge y ocaso de la moderna industria metal mecánica de Menorca", en Pascual, Pere y Paloma Fernández (eds.): Del metal al motor. Innovación y atraso en la historia de la industria metal-mecánica española, Bilbao: Fundación BBVA, pp. 433-476, ISBN: 978-84-96515-32-1.

Ortiz-Villajos, José M. (2003): "La Maquinista Naval, 1893-1902. Notas para la historia de la antecesora menorquina de la Sociedad Anglo-Española", Revista de Menorca, Tomo 87 (I), Enero-Junio, pp. 27-43, ISSN: 0211-4550.






 


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